martes 1 de diciembre de 2009

standby

Ya sé, ya sé que no escribo y que tengo el blog abandonado (tengo tantas cosas abandonadas....) pero para escribir hay que tener ganas y hay que estar bien y yo hago lo que puedo y, en la lista de lo que puedo, mi querido blog no ocupa uno de los primeros lugares. Antes tengo que reorganizar mi vida y estoy en ello. Por eso hoy he venido por aquí, a modo de ensayo o de entreno a ver si me motivo un poco.

Ahora vienen las terribles navidades, fiestas familiares donde las haya, para recordarte, de manera palpable, a los que no están; así que no es mi momento más relajado para contar historias en este foro. Pero tengo intención de volver al mundo cuando pasen los Reyes Magos a los que pienso pedir energía y fuerzas y, en enero, con la vida nueva esa que trae el año nuevo, volveré a inventarme -o no- historias y a plasmar mis pensamientos en este blog de Oyana que creé con el motivo de reflexionar y que se ha ido convirtiendo no sólo en un compañero sino también en una plataforma maravillosa de captación de amigos (virtuales y reales).

Os deseo mucha paz.

miércoles 28 de octubre de 2009

En la terraza de un bar


Andaba con prisas y decidí comer un bocadillo en la terraza de un bar de barrio. Ví una mesa libre y me dispuse a devorar un mini de ibérico y un pincho de tortilla. Tenía a mano un diario y lo abrí con intención de hojearlo. La terraza era pequeña y la calle silenciosa. Sin proponérmelo me vi inmersa en la conversación de la pareja que tenía al lado. Ella era muy guapa –lo comprobé al marcharme- y él, menos guapo pero aparente, luchaba para seducirla por caminos equivocados. Parecía que cada cosa que él decía –muy pensada y poco certera- estropeaba la situación. Ella, muy suave, le hacía ver que no, que no acertaba, que ella no era así.

Me enternecía aquel esfuerzo; su juventud o su inexperiencia –o tal vez su puntito de soberbia- le impedían ir por la senda acertada. Me explico: el talante era chulito, lo sabía todo. Cada cosa que ella decía –evidentemente se hacía la tonta y la estrecha para dejarle llevar la conversación- él la analizaba y la interpretaba al revés, a lo que ella respondía: "Ah, ¿si? ¿tú crees que es eso?" Pues... yo no me veo así.

La chica fingía no darse cuenta del acoso, se mostraba ingenua y se hacía la tonta, cuando era evidente que la que seducía era ella. Por eso me enterneció él. De vez en cuando el chico le soltaba un piropo, pero mal soltado. Por ejemplo: tienes unos ojos preciosos, pero esa sombra que llevas… ¿no es muy oscura? Se notaba que quería ir de durillo, que no se notara que andaba detrás de ella, pero la atracción o los sentimientos le traicionaban. En un momento dado, él le pregunta si sale con algún chico. Recibe por respuesta un ¿y tú? muy interesado. El chico responde que va con una muy lanzada, que empieza a aburrirle y ella le contesta que no entiende esta moda de irse a la cama el primer día; ella es más espiritual. Sin embargo, cuando ama y se entrega es una fiera. El chico, entonces, se da por vencido y cambia de táctica, se somete.

No puedo recordar las frases concretas pero fue toda una lección de cómo, haciéndose la tonta, dominaba una situación, seducía y controlaba al chico que, no sólo no se daba cuenta, sino que creía que el seductor era él.

En la otra mesa, tres trabajadores maduros se bebían sendos carajillos y hablaban de amor; uno, del amor perdido: su mujer había muerto y vivía con sus tres hijas, pero estaba solo. Los otros le consolaban diciendo que ya encontraría una mujer buena que le “calentara la cama” porque las hijas volarían y no era bueno que estuviera solo. Los otros, con infinita ternura, hablaban de sus respectivas mujeres y de la compañía que se hacían después de pasar por el trago de la marcha de los hijos. “Es que crecen muy deprisa” –comentaban-

Acabé mi bocadillo y me fui dándole vueltas a la vida.

domingo 25 de octubre de 2009

Amistad y sexo

Hoy he leído un comentario, en el blog de "una vecina" cuya autora, "la que está en Génova", plantea si el sexo y la amistad pudieran ser el mismo tema.

Creo que lo que diferencia el amor de pareja del amor de la amistad no es el sexo sino el tipo de vínculo que se establece. No he visto mejor definición de la amistad que la que hace Sándor Márai en El último encuentro. Márai dice que la amistad es la relación más intensa y más noble de la vida y que por eso se presenta en tan pocas ocasiones. "La amistad es un servicio y el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. No hay -dice- un proceso anímico más triste, más desesperado que cuando se enfría una amistad, y no hay, tampoco, nada en el mundo que pueda compensar una amistad; ni siquiera una pasión devoradora puede brindar tanta satisfacción como una amistad silenciosa y discreta para los que tienen la suerte de haber sido tocados por su fuerza".


Al amigo se le quiere como es; ese es el valor más grande de la amistad: acceptar al otro tal cual es sin querer cambiarlo. Si eso se hiciera con la pareja, las uniones durarían eternamente, pero es un privilegio que sólo ocurre con la amistad, basada en un amor no posesivo, en la aceptación y en la generosidad.


El sexo no está excluido en una relación de amistad, siempre que se tenga claro el tipo de vínculo que une a los amigos. Si, a causa del sexo, te enamoras, empiezas a querer cambiar las cosas, a encelarte, a exigir y a controlar,  la amistad se destruye. Por eso resultan, amistad y sexo, difíciles de compaginar.


lunes 19 de octubre de 2009

reencuentros


He comido con un amigo al que hacía la friolera de 20 años que no veía. Prácticamente éramos dos adolescentes cuando nuestros caminos se separaron y cada uno hizo su vida.

Ha sido un encuentro muy agradable, pero, más allá del rato pasado -que repetiremos- quería hablar del tiempo pasado -que no se repetirá-.

En los 4 últimos años he tenido 4 experiencias de reencuentros con amigos de la adolescencia. Parafraseando a Neruda diría que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos y, sin embargo, una vez pasada la emoción de los primeros momentos, parece que la conversación se retoma en el punto en el que se dejó. El afecto si no es el mismo, se parece mucho. Permanecen la confianza (intacta) y el estilo de relación. Y, naturalmente, se habla de entonces. Los recuerdos afloran; lo que no recuerda uno, lo recuerda el otro: sitios, situaciones, profesores, amigos...Los primeros días, tras establecer contacto, los e-mails no paran; falta tiempo para explicarlo todo. Luego, el reencuentro y ese "estás igual", que aunque parezca mentira no lo es, pues, en nuestra mente hemos guardado la imagen de entonces y permanece. Cuando ya se han gastado las palabras, cuando ya nos hemos explicado todo y, tras despedirnos, quedamos para otro día, la sensación de que hemos vivido una eternidad se hace muy intensa. Y te da un bajón. Bajón que nada tiene que ver con la persona con la que has estado, sino con el paso del tiempo.

Recordar cosas de 20 años atrás da cuenta del paso del tiempo y produce vértigo. Contemplas la vida en perspectiva, revives el pasado en compañía de otro que lo vivió contigo y que te recuerda de una manera que tú ya no reconoces ¿eso me gustaba? -le preguntas- ¿eso decía? Y te asombras. Te redescubres.

Todavía estoy bajo los efectos de una intensa emoción.







martes 13 de octubre de 2009

tengo una amiga

Tengo una amiga que estrena blog. Su blog se llama: una vecina  http://unavecina.blogspot.com/
y creo que será fantástico. Es pintora y escribe muy bien, pero es tímida y jamás se había planteado escribir en un espacio público. Le mostré el mío, abandonado últimamente, -lo sé- y le ayudé a crear el suyo. Me gustaría que la visitáseis para darle ánimos y que continúe escribiendo; así crece este curioso mundo de la blogosfera en el que se establecen relaciones anónimas pero intensas y en el que uno escribe desde el corazón para ser leído por desconocidos pero queridos (parece una contradicción pero no lo es) lectores. Yo tengo un perfil humano -no explicitado en el perfil de cada blog- tanto de mis seguidores como de los que yo sigo. A través de lo que escribimos nos mostramos y nos hacemos querer o todo lo contrario.

He encontrado apoyo en los momentos difíciles y compañía y diversión en los fáciles. Y todo a través del mágico hechizo de la escritura.

martes 15 de septiembre de 2009

la ilusión

Una vez me dijo un amigo: “se trata de no perder la ilusión”…

Y ¿Qué es la ilusión? Si nos vamos a la Wikipedia (enciclopedia “libre” que tiene una función orientativa e informativa a través del sentido común, no el normativo), ilusión se refiere a cualquier distorsión de una percepción sensorial. Cada uno de los sentidos del cuerpo humano puede ser afectado por ilusiones. Continuando con la enciclopedia "a-normativa", en psicología, se usa el término ilusión para referirse a una esperanza infundada. Metafóricamente, se utiliza también a veces el término espejismo. En otro ámbito, la ilusión puede ser la esperanza o anhelo por algo en concreto; por ejemplo la ilusión de los niños por el Día de Reyes. Esta acepción positiva del término se da exclusivamente en español y tiene su origen en la época romántica.

El diccionario de la RAE (normativo y serio) define la ilusión como “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”. Sigo leyendo, algo decepcionada, otras acepciones y encuentro: “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo” y “viva complacencia en una persona, cosa o tarea”….

Y ninguna de estas definiciones me cuadra con lo que yo siento cuando hablo de ilusión. Porque mis ilusiones no se corresponden a una distorsión de una percepción sensorial, ni a esperanzas infundadas. Tampoco, cuando me ilusiono por algo, lo estoy haciendo por un concepto irreal sugerido por mi imaginación exclusivamente.

Quizá mis ilusiones tienen que ver con  la única acepción del término que se da exclusivamente en español y que tiene relación con la época romántica. Cuando me ilusiono, anhelo o espero algo en concreto. Seré una romántica, pero creo que esa es la ilusión a la que se refería mi amigo y la que no hay que perder nunca.

¿Cómo te ilusionas tú?

domingo 6 de septiembre de 2009

La queja

Escucho a amigos, conocidos y pacientes hablar de sus vacaciones. No sé si porque septiembre es un mes difícil (reinicio, conciencia de paso del tiempo, buenos propósitos que sabemos que no vamos a cumplir, etc.) o porque, realmente, no se han cumplido las expectativas, pero casi todo el mundo se queja.

Los que tienen un poco más de de 50 años se quejan de que se han tenido que llevarse a mamá o a la suegra al apartamento y la señora ha estado muy pesadita. Mientras, el hermano, que tiene mucha cara, ha estado de viaje con una novieta que se ha echado. Algunos están agotados porque les han dejado a su cuidado un nieto de año y medio y no han podido descansar.

Los que están entre 45 y 50 también se quejan: ellos, de que la niña adolescente volvía a las 6 de la mañana y no han podido pegar ojo o de que el pequeño quería ir al parque acuático cada día. Ellas de que el marido, todo el día en casa, no sabe entretenerse: no le gusta la playa, el calor le sofoca, o de que: "¡esto no son vacaciones, simplemente he cambiado de marca de lavadora!"...que si cocinar, barrer la arena del suelo, salir con los amigos a cenar, comer helados y beber sangría. Además de no parar han engordado 3 kilos.

Los que tiene una década menos o tienen niños pequeños (si consiguen depositarlos en casa de los abuelos, viajan) y veranean con los papás de alguno de los dos produciéndose roces de todo tipo, o no tienen dinero para montarse el viaje de su vida. Otros, sí lo tienen y han realizado un fantástico viaje (en cuyo caso, la queja viene porque ahora no llegarán a final de mes o porque se ha acabado y volver a la rutina es deprimente o porque todavía hace mucho calor y no se puede trabajar con este calor).

Otro sector -aquí se incluyen todas las edades- se lamenta de lo duro que resulta estar las 24 horas con la pareja. Han discutido, la convivencia ha sido espantosa y, algunos, hasta han decidido separarse.

Existen personas -solas- que han viajado -solas- y han vuelto satisfechas. Otras, decepcionadas.

Los menos, no han tenido vacaciones porque la cosa está muy "chunga".

En fin, que, aunque hay gente satisfecha que ha pasado un verano fantástico, un sector -no despreciable- se queja. Y se queja mucho.

Quizá tenemos que aprender a disfrutar.